Uno de los grandes retos que la sociedad global enfrenta en este alborear del nuevo milenio es el de reducir el hambre en todo el mundo y lograr la seguridad alimentaria para todos, tanto en el plano nacional como en el doméstico. Entre los instrumentos esenciales para promover la seguridad alimentaria y el desarrollo rural está la aplicación de normas apropiadas en el sistema multilateral de comercio para regir la producción y el comercio agropecuarios (Hartwig De Haen. FAO, 2003).
La ganadería bovina de carne ha perdido dinamismo como actividad económica en la región centroamericana y particularmente en Costa Rica. Esto pude reflejarse en las tecnologías inapropiadas aplicadas en la producción de carne (Cuadros 1 y 2) lo que se refleja en un deterioro del volumen y valor de las exportaciones (Cuadros 3 y 4), en un crecimiento nulo o negativo del consumo interno de carne de bovino y derivados y en un estancamiento de la productividad de los sistemas de producción. Consecuente con lo anterior se reduce el ingreso de divisas y se produce un problema socioeconómico al deteriorarse el ingreso de los ganaderos y el abandono de la actividad por parte de algunos de ellos (Camacho, 2002), implicando reducción en el hato nacional (Cuadro 1).
Por otra parte, las tendencias macroeconómicas imperantes derivadas de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos, configuran mercados abiertos que imponen la necesidad del mejoramiento continuo de la actividad ganadera.